Cual centella corre entre las piedras, su pelaje es solo un fugaz color amarillo que recorre las rocas grises de la montaña sagrada. Salto veloz, aquí y allá, va el tigre subiendo en busca de la cima, sus patas apenas tocan la tierra, no hay tiempo que perder, sube, sube, sube. Su corazón no para de latir con la fuerza del centro de la tierra, con el ímpetu de una tormenta. Rayo amarillo sobre tierra de roca desierta, sube en dirección al cielo, toca la cima y salta sin miedo.

Allí está, ya la ve. Es ella dragón de gran fuerza, imponentes alas de color azul intenso mezclado con verde, sus ojos negras perlas, garras en posición de defensa. Allí está, ya la ve. El salto ha sido certero, el tigre le muerde en el cuello, ella siente como le corre por su cuerpo el fuego. No es ira, no es rabia, no es en forma alguna miedo. Es un beso apasionado de dos bestias en vuelo. Golpean sus garras, heridas de una guerra en vuelo, ninguno cede ante el otro, cada vez más y más deseo.

Pasión de la sangre de la selva, el magma de la tierra en el aire, lo que aparentemente es una lucha, es ahora una danza de cortejo. Al fin el tigre la abraza fuerte, sujeta con sus garras las grandes alas, ninguno queda en control de nada, comienza la caída en picada. Sudor, respiración fuerte, gruñidos y rugidos de dos poderosos en plena batalla, ninguno cede, la lucha es inútil, caer, caer, caer. Ojos frente a frente, compartiendo el aliento y la mirada, ahora los corazones son uno, latidos intensos cual tambores que resuenan en toda la comarca. Al caer, el mar los recibe, se convierte por un instante en su lecho, su cama. Amantes intensos que levantan mil olas, pasión desbordada, fuerza y poder ahora no son más que dos llamas que luchan por mantenerse unidas para que no las apague el agua.

Al llegar a la orilla, el abre los ojos y comienza a buscarla. No la ve de pronto, allí está ella, de pie, levantada. Voltea a verlo con sus negras perlas de brillo y nacar. El entiende perfectamente. Ella levanta el vuelo, él corre de nuevo para subir a la montaña.

Carlos Gustavo Ruiz

domingo, 2 de mayo de 2010