Finalizada la batalla queda un campo esteril y las heridas producidas en el encuentro. Es imposible decir que se ha ganado algo más que la experiencia, nadie gana todo cuando se desata la guerra. Sin embargo me he hecho de nuevas tierras, riquezas y esclavos. Veo mis nuevos dominios desde lo alto del cerro del este, con el sol del amanecer a mi espalda contemplo mi nuevo reino. Justificar por qué la lucha es de necios, se pelea, se gana o se cae muerto.

Alguna vez fuí joven y viváz, creyente en un mundo justo, seguro y bello, hoy después de algo de tiempo se que no es más que una ilusión, que el mundo se construye a base de luchas, trabajo y fuerza. Nunca quise ser guerrero, no es al clan que pertenezco, soy de naturaleza cazador, unicamente me interesaba el sustento. Cómo saber que depara el destino, pues me he convertido en un guerrero, en el arte de las armas un maestro, en las luchas de poder un señor de señores, en los ojos de mi pueblo un dios que bajó de los cielos. Soy el amo de todo lo que hoy veo.

Comenzaba mis días con una correría por los bosques de mis ancestros, seguro y confiado de su protección. Recuerdo como parte de lo más hermoso de mi vida pasear entre los árboles, sentir la lluvia en mi cabeza y espalda, hacer amigos entre los mios y extraños, escuchar el canto de las aves, correr junto al rio, los mimos y cocina de mi madre, crecer y aprender de mi padre. Fue durante ese tiempo de infinita paz y tranquilidad cultivé mis artes, así como lo hicieron los que vivieron antes de mi. Estudio, contemplación, trabajo, generosidad y gratitud, como lo hicieron antes de mi, como lo harán los reyes que rijan estas montañas y este valle.

Aun así hoy en mi corazón reina el silencio, el silencio que se gana sólo cuando se acallan los gritos de los hoy ya muertos. Ni el trinar de las aves, ni la risa de mis pequeños, ni canto de los rios, ni las olas, ni las caricias, ni los besos de mi mujer pueden callar al frio silencio. Algunos interpretan mi silencio como serenidad, como realeza o simplemente leen en mi rostro y mis pasos el hielo. La sangre que hoy corre por mis venas ya no es la de un Centauro Cazador, sino la del Real Señor de la Guerra, que habla con el sable, que canta con la pica que atravieza carne, almas y cuerpos, que baila sobre los caídos para gloria de los suyos, para infierno de sus enemigos. Centauro de Hielo, vestido de Fuego y Sangre, el nuevo Hades de los vencidos, el nuevo Marte de los que van a la batalla, el nuevo Sol de los que están conmigo.

¿Honor? Salvado está desde el mismo momento en que mis flechas dejaron de cazar alimento para el cuerpo para cazar alimento de mi espíritu, como esos que equivocadamente comenzaron la lucha desleal contra mi, contra mi pueblo. ¿Piedad? Palabra odiosa que nos indica que debemos dejar vivos y en gracia a aquellos que nos quisieron matar, destruir y esclavizar, hoy no son tan fuertes como ayer, ¿tuvieron ellos esa misma palabra antes de comenzar?. ¿Odio? Soy lo que soy, instrumento de las circunstancias y de lo que los otros dioses dispusieron para que el destino me entrone hoy. No puedo odiar mi destino, lo acepto, lo vivo y le soy fiel. Mis enemigos son el empedrado de la calle de mi destino, los piso para llegar a mi Trono en los Cielos, no los odio, son eso, un camino. ¿Amor? Qué otra muestra de Amor puedo dar si no cambiar mi espiritu libre por el de un gerrero imbatible, dar a los míos la certeza que los Amo más que a mi vida, cambiar la ternura de un tierno ser del bosque por el silencio y el hielo de la guerra en nombre de aquellos que Amo más que a mi Alma. ¿Dios? Me convertí en uno, Centauro en el Cielo, un Dios que fue Cazador, en el día soy el Sol, en la noche, observa las estrellas, ¿ves? Allí estoy yo.

Carlos Gustavo Ruiz

domingo, 10 de mayo de 2009